Fútbol del Oeste

FALLECIÓ NELLY TRAINOTTI DE BAIGORRIA, UN SÍMBOLO DE BARRIO NORTE

El mediodía del sábado se dio a conocer la noticia del fallecimiento de Nelly Ester Trainotti viuda de Baigorria. Desde el club expresaron que ‘es un día muy triste para nuestra Institución por la partida de una destacada colaboradora e hincha. La familia Trainotti- Baigorria son sinónimo de Barrio Norte, y Nelly hizo honor a tal condición’.

A su vez, Guillermo Correa escribió unas sentidas palabras, que se replican a continuación, para recordar lo que representó ella para la entidad rivadaviense, a la que estuvo ligada durante toda su vida.


Por Guillermo Correa

Adiós a una mujer de Barrio Norte. De esas que hicieron grande al club desde el trabajo silencioso y el amor incodicional… Hoy, sin dudas, no es un día más para la familia del Trula.

Nos dejó físicamente Nelly Trainotti de Baigorria, nuestra querida ‘Negra’, una mujer que dedicó gran parte de su vida al Club Barrio Norte y que fue parte fundamental de su historia.
Esposa del recordado Américo Baigorria, un verdadero prócer de nuestra institución. Jugador, dirigente, colaborador y referente de Barrio Norte durante toda su vida, Américo dejó una huella imborrable en el club. Juntos formaron una familia profundamente ligada a nuestros colores y a nuestra historia. Hablar de Nelly y Américo es hablar de una familia que dedicó gran parte de su vida a Barrio Norte.
Nelly fue madre de nueve hijos: Norma, Ernesto, Olga, Marta, Horacio, Mario, Jorge, Elisa y Rubén. También fue abuela, bisabuela y tatarabuela.
Su vida siempre estuvo ligada al club. Su casa, ubicada frente a la sede, fue durante años una extensión de Barrio Norte. Fiel compañera de Américo, siempre estaba dispuesta a dar una mano cuando los chicos del club la necesitaban. Si hacía falta algo para la cocina, bastaba con cruzar la calle y pedirle ayuda. Para muchos jugadores fue como una segunda madre.
Cuántas camisetas habrá lavado para los chicos del fútbol. Cuántas alegrías, tristezas y anécdotas habrá vivido acompañando el crecimiento de nuestra institución. Fue testigo privilegiada de una gran parte de la historia del club.
Su hijo Horacio vistió siempre la camiseta verde y blanca, y más de una vez se lo escuchó decir que jugaba por ella, por su padre y por sus hermanos. Nelly siempre estuvo allí, alentando, acompañando y siguiendo cada partido. Era una habitué de la cancha y una presencia infaltable en los domingos de fútbol.
En lo personal, para mi mamá era como una segunda madre. Durante muchísimos años era habitual verla cruzar al negocio de mis padres para compartir una charla, un mate o simplemente para ponerse al día. Con el paso de los años, y debido a su edad avanzada, ya no pudo hacerlo con la misma frecuencia, y entonces fue mi mamá quien comenzó a cruzar para visitarla y ver cómo estaba. El cariño entre ellas fue de toda la vida.
Hace un tiempo tuve la suerte de conversar con ella y de que me permitiera fotografiar un cuadro de un equipo de Barrio Norte que yo no tenía en mi colección. Como siempre, estuvo dispuesta a ayudar.
Uno de los recuerdos más lindos que nos deja ocurrió en agosto del año pasado, cuando el Trula se consagró campeón del Torneo Clausura. A pesar del frío, esperó en la vereda de su casa la llegada de los jugadores con la copa desde Fortín Olavarría. Los muchachos cruzaron a saludarla, le acercaron el trofeo, cantaron con ella y se sacaron fotos.
Aquella imagen tuvo un significado especial. Treinta y cuatro años antes, en 1990, había esperado en ese mismo lugar a su hijo Horacio cuando regresó campeón de Cuenca vistiendo la verde y blanca. El tiempo pasó, cambiaron los nombres y las generaciones, pero Nelly seguía allí, en la misma vereda, esperando emocionada a su querido Barrio Norte.
Fue, quizás sin que nadie lo supiera en aquel momento, su última aparición pública rodeada de jugadores y luciendo con orgullo los colores del club que tanto amó.
Hacía tiempo que ya no podía ir a la cancha, pero seguía cada partido como siempre lo había hecho: al lado de la radio, sufriendo cuando el Trula perdía y emocionándose cada vez que escuchaba aquella frase que tanto le gustaba ‘¡Ganó Barrio Norteeeeee!’.
Hoy nos toca despedirla con tristeza, pero también con un enorme agradecimiento por todo lo que brindó a nuestra institución y a quienes tuvimos la suerte de conocerla.
Quienes tienen fe podrán imaginarla reencontrándose con su querido Américo, y también con dos de sus hijos que partieron antes que ella, Ernesto y Norma. Seguramente volverán a abrazarse llevando en el corazón los mismos colores que los acompañaron durante toda la vida.

Hasta siempre, Negra.

Gracias por tanto amor, tanta entrega y tantos años acompañando a nuestro querido Barrio Norte. Tu recuerdo quedará para siempre en la memoria y en el corazón de toda la familia barrionortense.

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